Un ¿mal? llamado Tsundoku

August 1, 2017

 

Si te gusta la literatura, apuesto a que padecés de tsundoku, esa manía por la que comprás libros a un ritmo mucho más veloz de lo que te sentás a leer. Tsundoku es una palabra japonesa que alude a esa enfermedad de todo librópata, es decir, el adquirir cada nuevo ejemplar que te saluda desde la vidriera de tu librería preferida para que después sea depositado en tu biblioteca o en tu mesa de luz. 

"Este año SÍ voy a leer"; "me voy de viaje, necesito dos novelas nuevas para el avión"; "uf, este autor es un hit, YA me compro el nuevo libro que publicó", son algunas de las frases más recurrentes de todo aquel diagnosticado con tsundoku. Después nos invade la culpa de que no nos hicimos el tiempo de, efectivamente, abrir el nuevo volumen. 

Muchos pasamos por dilemas semejantes. ¿No? Quiero leer, pero no puedo. Seguro que cuando estabas por empezar la nueva obra obra justo estabas lleno de laburo, tenías montañas para leer en la facultad o tus hijos se enfermaron; quizás el tiempo sí te lo hiciste, pero te distrajiste en la mitad del capítulo con el teléfono, actualizando cada cinco minutos tu feed o chequeando WhatsApp. JUSTO cuando ibas por la mitad de la novela salió la nueva temporada de tu serie, y la verdad es que de noche si leés te quedás frit@, así que mejor ver Netflix, porque además se puede hacer de a dos... 

Bueno, basta de sentir culpa al respecto. Gastar plata en libros hasta que llegue el momento de leerlos no está mal, o al menos para mí. Pienso que es todo cuestión de rachas; que hay semanas, meses, viajes o fechas especiales en que leer de un tirón te sale tannn natural, y te liquidás un libro de 500 páginas en dos días; pero hay otras rachas, en cambio, en que no podés pasar del capítulo tres. En que no podés forzarla: todo conspira versus el ritual de leer.   

Una vez mi hermana me dijo algo lindísimo al respecto: "Me encanta rescatar libros que tenía depositados en mi biblioteca; leerlos y descubrir historias que estaban allá, como dormidas, esperando que yo abriera el libro y las descubriera. ¿Cuántas historias más habrá en mi biblioteca, descansando hasta que las descubra? Amo pensar que son un montón". Así también lo veo yo, y les juro que Yenny no me puso un peso. Hoy te animo a que sigas comprando ese libro que te tentó... Ya habrá tiempo de sentarse a volar. 

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