De Book Clubs y Virginia Woolf

Ayer, con un grupo de amigas hicimos un Book Club sobre Un cuarto propio. 

Al poco tiempo de haber inaugurado el blog ya había reseñado este clásico que considero una gran forma de entrar a Virginia Woolf. 

Me impresiona que, casi cien años después de haber sido publicado, siga dando tanto para debatir. Bueno, en verdad no me sorprende. Eso pasa con los clásicos. Obras que no pierden vigencia, que siempre interpelan e invitan a profundizar. 

En particular, ayer nos quedamos hasta altas horas debatiendo acerca del feminismo, de cómo fue mutando durante el último tiempo, con qué aspectos nos sentimos cómodas y cuáles no. Viajamos también a Inglaterra, al menos por un rato; a las juntadas del grupo Bloomsbury y a la casa de Vita Sackville West. 

Me había olvidado de cómo me gustan los talleres literarios presenciales; el comparar las experiencias lectoras, compartir impresiones y poder fundamentarlas. El aprender de contextos históricos y marcos teóricos pero, sobre todo, de la opinión de quien tenga al lado, de lo que a esa persona le llamó la atención. O no. 

Para que el Book Club sea ameno, creo yo, hay que llegar con la mente abierta y la oreja parada. Si no leíste, no importa. La idea no es rendir examen, sino aprender. Cosa que AMO, y esa. Aprender. 

Y si la compañía es amena y se sirven vino y quesos, ¡tanto mejor!

Ojalá en Argentina puedan reanudarse pronto los talleres literarios en vivo. Estuve haciendo muchos por Zoom, que tienen algunos pros, pero... no es lo mismo. 

Les dejo un resumen del libro de Virginia, el que les había acercado en 2017. El post completo, ya sabés: en FB y mi web que, de paso, te cuento que la rediseñé. Si querés, pasá y contame qué te parece. Contame también si leíste a Virginia y si sos fan de los Book Clubs, como yo. 

Beso grandote, 

Rosie

Polémico en muchas de sus aserciones, Un cuarto propio es de lectura amena, mucho más que otras obras de la autora de Orlando y Al Faro (mis otros dos preferidos). La idea principal es que, para poder escribir novelas, la mujer debe tener dinero y un cuarto propio. Woolf sabe que por esta premisa puede ser tildada de materialista, pero explica que las 500 libras anuales a las que alude se refieren al poder de contemplar. Además, muchos podrían objetarle que grandes escritores han sido pobres. Pero los grandes nombres de la poesía de los últimos cien años, como Coleridge, Wordsworth, Byron, Shelley, Tennyson, Browning, gozan de “un pasar acomodado”, salvo Keats. El genio no sopla por igual entre ricos y pobres, afirma Woolf. La libertad intelectual depende de cosas materiales, y la poesía depende de la libertad intelectual. -la obra en general se considera feminista pero la autora NO proclama que se disuelvan las diferencias entre hombre y mujer, sino alcanzar la androginia. Dice que en cada uno de nosotros conviven dos poderes, uno masculino y uno femenino, y que el estado óptimo implica encontrar una armonía entre ambos. Woolf propone a Shakespeare como el prototipo de mente andrógina. Keats, Coleridge, Cowper, Lamb, Sterne, también fueron mentes andróginas. Esta cualidad es la que le falta a tantos escritores de la época, según Woolf, que escriben sin tener ni una pizca de mujer, y así carecen totalmente de poder de sugestión. -sería una lástima que las mujeres trataran de escribir, vivir, o parecerse en cualquier sentido a los hombres. La educación debería poner de relieve y fortalecer las diferencias, en vez de las semejanzas. Además, Woolf aconseja no perder el tiempo vilipendiando a los hombres, como han hecho tantas escritoras. -con todo esto, no sorprende que una enorme corriente del feminismo le critique no haber sido más radical. Elaine Showalter es una de las grandes opositoras de la obra. -Woolf enfatiza que las mujeres somos “el animal más discutido del universo”, es decir, se escriben muchísimos más libros sobre mujeres que sobre hombres. “Goethe las honraba, Mussolini las desprecia, pero donde fuera que mirase, los hombres opinaban de las mujeres". -señala la paradoja de épocas como la isabelina, en la que las mujeres no escribían (o al menos no publicaban), pero las protagonistas que aparecen en las obras de Shakespeare están lejos de carecer de carácter: Cleopatra, Lady Macbeth, Rosalinda… y esto se da en la literatura de todos los tiempos: Clitemnestra, Antígona, Fedra, Desdémona, la Duquesa de Amalfi, Anna Karenina, Emma Bovary… La mujer ocupa de punta a punta tanto el teatro, la prosa y poesía. “En la ficción, domina la vida de reyes y conquistadores; en los hechos, era la esclava de cualquier joven cuyos padres la forzaran a ponerse un anillo”. -la autora se plantea por qué las mujeres al escribir, incluso en el siglo XIX, se avocan mayoritariamente a las novelas, en vez de a la poesía o el teatro. Y la respuesta que encuentra es que la prosa requiere menos concentración y, considerando que las mujeres no tenían un cuarto propio o un estudio donde aislarse, debían dedicarse a la forma de escritura que menos esfuerzo requiriera. Otra posible razón es que la novela era el género más nuevo, el menos consolidado; por ende, el más susceptible de ser maleado por manos femeninas. -Woolf señala que recién en el siglo XVIII algunas autoras empiezan a ganar dinero escribiendo, gracias al ejemplo de Aphra Behn. La escritura deja de ser un signo de locura y perturbación y adquiere importancia práctica: permite ganar dinero extra para sus gastos o sus familias. Sin estos antecedentes, ni Jane Austen, ni las Bronte o George Eliot podrían haber escrito. Y en este punto Woolf deja ver la importancia que le otorga al concepto de tradición: “las obras maestras no son creaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de pensamiento en común”.

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