El hombre y la palta


A pedido del público, vuelvo a compartir una pequeña reflexión que ya publiqué hace un año. A ver si en su próxima visita a la verdulería se acuerdan de mí... Una vez leí que el hombre es como la palta; si lo enganchás en el momento justo, podrás disfrutarlo en todo su esplendor, pero si la pifiás con el timing, lo que podría haber sido una relación plena y feliz fácilmente se echa a perder. ¿Cuántas veces invertimos en paltas, amén de que suelen ser caras; esperamos toda la semana a que lleguen a su punto justo de madurez, y cuando las abrimos, PUM, nos topamos con que están pasadas? También ocurre de comprar paltas para el guacamole del copetín; pero incluso después de envolverlas con diario (viejo truco para hacerlas madurar), llegan las 9 y la palta sigue duuura y no piensa ceder... Bueno. Con el hombre es igual. Muchas veces conocemos a candidatos que nos cierran por los cuatro costados, aunque les hallamos un defecto: no están para el compromiso. Son simpáticos, inteligentes, laburan bien, conocés a su familia y sabés que es lo más, pero el muchachín disfruta de la soltería y no piensa colgar los botines. Pensás que podés cambiarlo, lo intentás... pero no: él deja en claro que no busca nada serio. Frustrada, te autoconvencés de que no es para vos, tus amigas te consuelan y decidís avanzar, hasta que, años después, llega una afortunada que lo conoce JUSTO cuando el susodicho se cansó de la noche y al poco tiempo ya anuncian por las redes sociales lo felices que son, con fecha reservada en la iglesia y hasta cartel de WedCompany que dice "They are in!!!". Desde ya, la teoría aplica también a las mujeres. Muchas veces somos nosotras las que dejemos pasar a candidatos que valían la pena, solo porque no estábamos listas para engancharnos: quizás acabábamos de salir de otra relación, nos urgían las ganas de viajar o estábamos en pleno proceso, sin ganas de archivar el LBD ni de hipotecar tiempo con nuestras amigas; meses después, conocemos a otro sujeto con la suerte de toparse en nuestro camino en el momento indicado y hete aquí, radiante junto a él a pleno pogo en La Rural. Habrás adivinado la moraleja de esta historia: en la vida es todo cuestión de TIEMPO. Muchas relaciones que podrían haber sido felices no lo son por falta de sincronicidad. Al igual que con la palta, hay poco que hacer; de nada sirve frustrarse. Dejá que la verdura siga su curso en libertad, porque aunque te encapriches por apurarla, tus intentos serán en vano. Con suerte, con el tiempo vas a tener el ojo afilado y con solo palpar la palta vas a poder detectar si es caso perdido, o no. Así como en la vida está bueno apostar por lo que uno quiere e insistir, también hay que aprender que a veces lo mejor es SOLTAR. Saber hacerlo a tiempo es sabiduría y te va a garantizar salud y mucha paz... Desde ya, hay excepciones: muchas historias que tenían todas las de perder terminan haciendo click. Y al decir esto pienso en mí, que durante años no quise saber nada con el matrimonio, hasta que conocí a mi marido y supe que, como la palta, yo me hallaba en el grado justo de madurez. ¿Cuál fue el problema? La vida se me rio en la cara: el que no estaba listo era él. Pero gracias a la experiencia, o quizás a la intuición, supe dejar que la verdura siguiera su curso, tuve paciencia hasta que nos volvimos a cruzar y ambos estuvimos en el punto perfecto para un gran guacamole. Hoy, me acuerdo de todos los años previos catando paltas en la verdulería, y pienso: valió la pena. ¿Tip del día? La ansiedad no te va a ayudar; paciencia, porque como con la verdura, cuando encontrás la que es perfecta para vos, no podés sino exclamar: no hay nada más rico que una buena palta en su momento justo. ¿No?


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