La vida en bata


Hay momentos de la vida que ameritan estar en bata. Y si no, pregúntenle a Hugh Hefner. Me considero una persona relativamente coqueta y la pilcha me encanta, pero creo que a veces no hay lujo mayor que decir: hoy es día de bata, nada de jean.

Porque las películas no se disfrutan de la misma manera si estás arropada que con un pantalón elastizado. Los rituales de belleza recostada con bata es como que penetran mejor. En las jornadas intensas de estudio poder quedarse en bata le quita -algo-de estrés al asunto y los desayunos así ataviada son más ricos y se prolongan más.

NI me nombren a las batas de hotel porque esas me pueden. Nada me gusta más que sentirme McCaulay Culkin (en Mi Pobre Angelito, no hace falta aclarar), tirada en la cama del cuarto y si es con room service, mejor.

Cuando me quedé embarazada una amiga me dijo: todos te van a regalar cosas para el bebe, pero yo quise regalarte algo a VOS. ¿Y cuál fue el ítem elegido? Adivinaste. Una bata espectacular que se supone que era para el postparto pero obvio que no pude con mi genio y ya la estrené.

Pero las batas no son -sólo- sinónimo de calidez y comodidad. También pueden ser sexies, en especial si son de seda. No hace falta que me explaye, ¿no? Estamos en horario de protección al menor...

Admito que a veces me gustaría vivir menos acelerada y permitirme más tiempo de calidad, en bata y pantuflas y listo. Para la recta final del embarazo, casi que me lo recetó el médico: frená. Más bata y menos jeans. La que elegí es de @claveestudio. Es nuevita, nuevita. Me llegó perfumada, envuelta en paquete artesanal. Si pudieran olerla y tocarla, me la sacarían de las manos. Pero no lo voy a permitir...

Así que ya saben: si no me encuentran, aquí estoy, empollando con el outfit acorde.


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