Instagram Husband

Así como en la vida no todo es color de rosas (o lavanda), las redes sociales no son la excepción.

En la foto vemos a mi marido, cabizbajo y exhausto, después de haberme sacado 48925 fotos en este bello campo de lavandas. "Ninguna sirve", fue mi veredicto, y el pobre se rindió...

Lo cierto es que si le prestas al menos un -poco- de atención a tu perfil, lo más probable es que haya alguien que (te) sufra. Que tenga que bancarse manejar millas y millas después de un día intenso de turisteo para llegar a "el" spot que insistías en fotografiar. Que te tilde de japonesa por tu afán de querer retratar cada rincón y que desfallezca de hambre mientras espera que vos logres "la" foto perfecta para, finalmente, llegar al restaurant... y descubrir que no va a poder probar ni medio bocado hasta que no captures lo canchero que se ve tu brunch. Poco te importa que la comida se enfríe en el intento.

Hoy, entonces, quiero pedirle perdón públicamente a mi marido y agradecerle la paciencia que me tiene desde que abrí @rosiestips. Al menos una vez por día me llega el reclamo de que le dedico tiempo y atención a responder mensajes, pensar nuevos temas, conseguir cómo ilustrarlos... alguien que yo sé está un poco celoso por la falta de atención. Quizás tu cuenta no sea pública pero te pase algo parecido. Admito que esta tendencia a la hiperconectividad no es nueva en mí. Hagamos, entonces, un mea culpa colectivo: tagueá a todos aquellos a quien vos quieras agradecer y/o pedir perdón. Porque detrás de toda mujer con Instagram hay un gran hombre.


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