Oda a mis amigays

No quiero caer en estereotipos ni reducir a nadie a su condición sexual, pero ellos saben que los AMO. Que hay una chispa invisible que hace que, apenas nos conocemos, si sos gay, seguramente te voy a caer bien… y yo, a vos, te voy a amar.

No sé por qué es. O quizás sí. Porque son sensibles, consejeros y empáticos. Porque, así como te tiran una frase profunda que hace rodar el hámster mental, después la rematan con un chiste bien guarro que te hace reír hasta que te duelan los pelos. Porque, en general, compartís el mismo gusto en música, series, literatura, galanes de Hollywood… y saben recitar de memoria las frases de tus películas preferidas.

Salir a bailar con ellos es el mejor combo: te espantan a los tiburcios que merodean las ronditas puramente femeninas y te brindan esa dosis masculina que tan necesaria es. Yin y yang! Te ayudan a decorar tu casa cuando no sabés qué le falta a tu biblioteca para que quede como la que viste en Pinterest y te dicen si un vestido te queda pésimo o si estás hecha un bombón.

Ay, mis amigays… Me acompañaron en viajes por el mundo, catando boliches, restaurantes de moda y durmiendo en felpudos parisinos cuando nuestros roommates nos habían varado sin las llaves. Se rieron ante cada comentario coco-huec, conmigo y no de mí (¡creo!), y aplaudieron cada logro profesional. Se babearon con cada chongo buenmozo con el que salí y lloraron conmigo por los que no funcionó.

Uno de mis GBFs (gay best friends) hasta me ayudó la primera vez que tuve que cocinarle a mi actual marido. Al ver que yo, poco ducha en las artes hogareñas, estaba al borde de la desesperación, se vino hasta mi casa para picarme la cebolla, los morrones y ajíes supervisó el copetín que había armado (puro queso y pan), se quedó en silencio unos segundos y me dijo… “Mmm, a esta picada le falta color”. Y PUM, con un poco de aceitunas, salamines y maní, de repente hizo magia y me la reordenó.

Ese mismo amigo me ayudó a elegir mi vestido de novia, después de que yo hubiera recorrido nueve (sí, nueve, soy patética y lo admito) diseñadores. Sólo él supo, desde el principio, la que era la mejor para mí. Me recomienda las mejores lecturas para cada nuevo proyecto laboral y me acompaña en sesiones de brainstorming con cada una de mis ideas delirantes.

Ay, mis GBFs… Hoy sólo quiero homenajearlos, desde lo más profundo de mi corazón.


Pd La ilustración me la regaló el talentoso @likeponciano.


Chusmeen su Instagram para ver sus demás genialidades.


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